El poeta Shaméi Toktobái-Uulu, quien en 1981 acabó de celebrar sus cien años de edad, nativo de Kirguizia, una de las republicas de la URSS, declaró: “Las posibilidades humanas no tienen límites. A mi juicio, los cien años sólo constituyen una edad de madurez”. Mucho había logrado ver en su siglo de vida. A los tres años había quedado huérfano y a los doce había trabajado como criado de un mola. Por supuesto, que eso de ir a la escuela, ni por asomos. Sólo aprendió a leer... a los 34 años.
Los doce jovenes que triunfaran en los años 80 en las competiciones internacionales de gimnasia deportiva por el premio de “Novedades de Moscú” con las doce copas de porcelana se hubieran llevado también el recuerdo del originalísimo arte, obra de los maestros de Gzhel.
Las cerámicas de Gzhel son tan famosas como las lacas de Pálej, Fedóskino, Jojlomá, las bandejas de Zhóstovo, los juguetes de Dímkovo y muchas otras artesanías rusas. Se les llama así por el nombre de la localidad suburbana de Moscú, conocida desde tiempos remotos por sus arcillas blancas y de varios colores. Esta sustancia mineral simple, que con la humedad se resblandece, determinó por muchos años el destino de los habitantes de Ghel. Por cierto, ya en 1981 trabajaban con arcilla traída de otros sitios, todo llegaba a su fin, menos el indeclinable deseo de las personas por estampar la belleza del mundo circundante.
En el Museo de Arte de los Pueblos de Oriente en Moscú en 1981 se inauguró una exposición de las artes decorativas aplicadas de Daguestán, organizada a raiz del sexagésimo aniversario de la formación de la RSSA de Daguestán.
Carmen Bustamante, solista del Teatro de Opera de Barcelona, a menudo actuaba acompañada de orquestas simfónicas, así como daba conciertos de música de cámara. En 1981 estuvo de gira en la URSS. Los aficionados soviéticos a la música le brindaron una calurosa acogida. Con gran éxito transcurrieron sus conciertos en Kíev, Vilnius y Leningrado (el San Petersburgo de entonces).