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En Vladivostok uno no sabe dónde termina el mar ni dónde empieza la tierra firme. Las chimeneas de las casas antiguas se confunden con las de los barcos anclados en el centro de la ciudad. También las calles, como las olas, ora se alzan abruptas hacia el cielo, ora descienden como desembocando en el océano con sus torrentes de coches y camiones.
Para llegar alli desde Moscú hay que recorrer 9280 km. en tren. Haciendo un parangón recordemos que la costa occidental y la oriental de los Estados Unidos son separadas aproximadamente por cinco mil km.
En los años ochenta el tren expreso "Rusia" recorría esta distancia durante nueve dias. Un tren que corra hacia el Este de Rusia deja atrás los Montes Urales, las llanuras de Siberia y el Baikal, el lago más profundo del mundo. Tras el último paso por montañas finaliza la ruta largísima del tren. Por alla en el Este se ve el Océano Pacífico. En el extremo de Rusia se encuentra la ciudad de Vladivostok, que es una de las ciudades exóticas de Rusia.
Es una ciudad joven. Fue fundada el 20 de junio de 1860 cuando un velero ruso ancló en la hermosa bahía de Zolotoi Rog (Cuerno de Oro). En homenaje a ese acontecimiento histórico fue inaugurado un bello monumento.
En el año 1980 la ciudad contaba con 600 mil habitantes. Ha de mencionar que en los años treinta del siglo pasado tenía tan sólo cien mil habitantes. Se puede decir que cási todos los que alli viven de una y otra manera están relacionados con el mar.
El mar está por doquier. Pero si uno se levanta al "Nido del aguila", la colina más alta de la ciudad percibe con mayor fuerza la majestuosidad del oceano, el caracter singular de Vladivostok y la profunda afinidad que existe entre los mismos. Formando terrazas escarpadas de formas insólitas la ciudad parece apresurarse al encuentro del mar, las islas y las bahias enigmáticas que se avizoran en la lejanía azul.
Blancos edificios, innumerables gruas que se simulan pájaros agolpados en los puertos mercantes y pesqueros. Asombra su cantidad y variedad de barcos.
Van y vienen los laboriosos remolcadores y lanchas motorizadas, que toda su vida trabajan junto a la ciudad. Se balancean majestuosos barcos de color blanco: esperan a los turistas. Los pescadores saludan a la querida ciudad de Vladivostok.
Nada tranquila es la vida de quienes han ligado su destino al océano.
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