Los renos proporcionaban en los años 80 del siglo pasado la cuarta parte de la carne que se producía en el Norte de Rusia, o sea, la URSS de entonces. Su costo era tres veces menor que el de la carne de cualquier otro animal.
Ana Kachán, Candidata a Doctora en Biología, había estudiado 10 años los renos de Chukotka, Yakutia y otras regiones de Siberia. Con ayuda de los zootécnicos locales, la ciencia logró seleccionar la raza pura de los renos de Chukotka: hermosos animales, muy resistentes a los factores desfavorables de su entorno, mucho más grandes y productivos que otros renos nórdicos. El reno en cuestión, cuyo nombre local es “jarguín”, puede alimentarse no sólo con musgo, el único alimento de otras especies cervunas, sino también con hierbas.
Todo ciervo necesita unas 120 hectáreas de pasto natural para poder subsistir durante un año. De aumentar en forma substancial el número de animales, los renos eliminarán la capa natural de liquenes y empezarán a desaparecer. Ana Kachán demostró que para alimentar a los jarguines es posible sembrar complementariamente algunas especies herbáceas que quedan verdes debajo de la nieve. Los aborigenes jamás lo habían hecho.
Si en la tundra de la sola Yakutia el rebaño de renos de especies tradicionales se sustituye por el de jarguines de raza, la producción de carne aumentaría en un tercio.
El primer trabajo científico de Ana Kachán estuvo dedicado a las abejas. La tesis, con la que se hizo la famosa en todo el Norte, buscaba elevar la eficiencia económica de la cría de renos. Oriunda de la lejana ciudad de Kazan se decidió a corregir la experiencia que se venía acumulando durante siglos. Conforme a lo que dijo Ana “esta sintió feliz ya que había logrado hacer un aporte aunque fuera minusculo, a la civilización del Norte. Era posible y necesario corregir un poco la Naturaleza, para ello justamente existía la ciencia.