El poeta Shaméi Toktobái-Uulu, quien en 1981 acabó de celebrar sus cien años de edad, nativo de Kirguizia, una de las republicas de la URSS, declaró: “Las posibilidades humanas no tienen límites. A mi juicio, los cien años sólo constituyen una edad de madurez”. Mucho había logrado ver en su siglo de vida. A los tres años había quedado huérfano y a los doce había trabajado como criado de un mola. Por supuesto, que eso de ir a la escuela, ni por asomos. Sólo aprendió a leer... a los 34 años.