Casi el ochenta por ciento de las ciudades de la Federación Rusa, la mayor de las quince repúblicas federadas soviéticas, entraba en la categoría de pequeñas o medianas. Algunas, en el pasado, habían desempeñado un papel de no poca importancia en la vida del país, a principios de los años 80 del siglo XX perdieron este significado. Otras tan pronto surgían, progresaban impetuosamente y tenían todos razones cambiar de estatus. A pesar de sus peculiaridades, estas ciudades tuvieron rasgos y problemas comunes. De algunos de estos ultimos trató V. Peterbúrzhtsev, Arquitecto Benemérito de la republica y vicepresidente del Comité Estatal para la Construcción de la Federación Rusa.
Ya a principios de los años 80 del siglo pasado la URSS de entonces realizaba los más grandes programas económicos en las regiones situadas al este de los Urales. Allí, en un territorio de 12 millones de kilómetros cuadrados (el 57% de la superficie de la URSS), los soviéticos erigían centros industriales, construían centrales hidráulicas y térmicas, tendían ferrocarriles y autopistas, explotaban ricos yacimientos de materias primas orgánicas y de minerales.