Mil cuatrocientos dieciocho días anduvo el pueblo de la Rusia de entonces, o sea, de la Unión Soviética, buscando su Día de la Victoria. Veinte millones de soviéticos no lograron ver este día, no pudieron contemplar la bandera roja flotando sobre el Reichstág rendido, ni cómo nuestra Patria recibía a los vencedores.